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Cómo reducir la sal y seguir disfrutando de la comida

No solo el azúcar es enemigo de la salud. Tampoco la sal está entre los aliados del bienestar, y a pesar de ello consumimos mucha más de la que deberíamos. Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar el tope de los 5 gramos diarios, lo que equivale a una cucharilla de café, en la mayoría de los países europeos se duplica esa cantidad. Y eso conlleva ciertos riesgos.

Para empezar, aunque el consumo de sal por si solo no engorda, sí produce retención de líquidos. Al consumir más sal de la que necesitamos aumenta la cantidad de sodio en el organismo, y para contrarrestarlo el cuerpo retiene más agua con el objetivo de intentar diluir el sodio. Pero además, pasarse en el consumo de sal puede provocar hipertensión, además de otros problemas cardiovasculares y patologías como cálculos renales.

Por eso es importante reducir el consumo de sal, y no solo hablamos de la sal que echamos nosotras mismas en las comidas. Si leemos el etiquetado de los productos que adquirimos en el supermercado veremos que casi todos contienen sal. Hay que tener especial cuidado con la fast food, ya que contiene mucha más sal de la que imaginarías. De hecho, hasta los dulces llevan sal. Se calcula que entre el 70 y el 80% de la sal que consumimos diariamente procede de estos productos o de los propios alimentos, no del salero con el que salpimentamos nuestros platos. Para reducir su consumo, pueden echarnos una mano estas estrategias:

  • Lo principal es evitar el consumo de snacks y productos precocinados y envasados. La dieta mediterránea es lo suficientemente rica como para sustituir esos productos por otros mucho más saludables. También hay que olvidarse de condimentos como preparados para dar sabor a los guisos, ya sea en forma de caldo o de cubitos, y de las salsas que no sean caseras. Ambos productos suelen tener un alto contenido en sal.
  • Para reducir ese 20% de sal que añadimos nosotras mismas a nuestros platos podemos usar hierbas aromáticas, plantas olorosas y condimentos cuando cocinemos guisos, al igual que se puede dar sabor con verduras y hortalizas como la cebolla, el puerro o el ajo. Para aliñar ensaladas, nada mejor que sustituir la sal por zumo de limón.
  • Comprar productos frescos de temporada, llenos de sabor, es otra manera de evitar la tentación de acudir al salero. Cuando están en su punto óptimo de maduración, las verduras y frutas tienen aún más sabor, por lo que si las comemos en ese momento no tendremos necesidad de echar mano de la sal.

 

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